La Chica 10 nació de una máquina de coser que heredé.
Cuando falleció mi madre heredé su máquina de coser. Era bastante moderna y tenía pocos años, pero había un pequeño problema: yo no sabía ni enhebrarla.
Pasó un tiempo hasta que, casi por curiosidad, empecé a aprender por mi cuenta viendo vídeos de YouTube. Primero aprendí a enhebrarla, después a hacer costuras rectas… sin ningún propósito concreto. Poco a poco fui aprendiendo a hacer cosas sencillas y, casi sin darme cuenta, empecé a atreverme con proyectos cada vez más complejos.
Y entonces descubrí algo que no esperaba: coser me relajaba.
Cada nuevo proyecto despertaba las ganas de aprender algo más. Y un día, una de mis cuñadas me dijo:
“¿Por qué no vendes lo que haces?”
Así comenzó todo.
El boca a boca fue haciendo su trabajo y, poco a poco, La Chica 10 empezó a crecer. Mis creaciones comenzaron a llegar a personas de distintos lugares y algunas incluso han viajado por todo el mundo.
Y aquí estoy hoy, todavía con la misma ilusión.
Porque cada día aparece una idea nueva, un tejido que me inspira o un proyecto que me apetece intentar.
La Chica 10 seguirá creciendo gracias a todas las personas que confían en mis creaciones, las eligen, las regalan y las llevan consigo.
A todas ellas, muchísimas gracias. ❤️
A finales de los años 80 o principios de los 90 se estrenó una película que dio mucho que hablar: La Chica 10, la mujer perfecta, protagonizada por Bo Derek.
Por aquella época, la hija de una vecina de mi madre y yo acabábamos de ser madres. Y, entre risas, decidimos que las verdaderas Chicas 10 éramos nosotras.
No precisamente por parecernos a Bo Derek… 😂
Nos encontrábamos después del trabajo cuando íbamos a recoger a nuestros pequeños a casa de las abuelas y siempre nos preguntábamos qué tal había ido el día.
La respuesta acabó convirtiéndose en nuestra frase:
“Pues aquí, de Chica 10…”
Porque después de trabajar todavía quedaba pasar por el mercado, recoger al peque, baños, cenas, acostarlos, preparar las cosas para el día siguiente… y volver a empezar.
Con el tiempo, mi madre empezó a llamarme también La Chica 10.
Años después, cuando ella ya no estaba y yo había empezado a llenar mi tiempo creando mis propias piezas de costura, llegó el momento de buscar un nombre para mi pequeña marca.
Y lo tuve claro.
La Chica 10 era el nombre perfecto.
Un pequeño homenaje a mi madre, un recuerdo de aquella época tan especial y, de alguna manera, una forma de mantener viva una parte de nuestra historia.
Y así nació La Chica 10.
Cada día puede surgir una idea nueva, un proyecto diferente o una tela que despierta la imaginación.
La Chica 10 sigue creciendo gracias a todas las personas que confían en mis creaciones y las hacen viajar, regalar y formar parte de sus historias.
Muchas gracias por estar aquí.